Que el amor fraternal permanezca en ustedes. Y no se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.
Acuérdense de los presos, como si ustedes mismos estuvieran presos con ellos, y también de los que son maltratados, como si ustedes mismos fueran los que sufren.
Todos ustedes deben honrar su matrimonio, y ser fieles a sus cónyuges; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
Vivan sin ambicionar el dinero. Más bien, confórmense con lo que ahora tienen, porque Dios ha dicho: «No te desampararé, ni te abandonaré». Así que podemos decir con toda confianza
El Señor es quien me ayuda; no temere lo pueda hacerme el hombre.
Hebreos 13: 1-5